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A Derradeira Felicidade - Caso I: O Primeiro Amor

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“Dizem que sou louco por pensar assim

Se eu sou muito louco por eu ser feliz

Mas louco é quem me diz

E não é feliz, não é feliz”

Os Mutantes

Afinal o que é a tal felicidade? São momentos únicos, fugazes, onde podemos alcançar a plenitude, tocar o céu com a ponta dos dedos por um instante. Sim, momentos que duram um instante, pois a vida não pode ser uma só coisa todo o tempo.

É um sentimento singular, que transborda, preenche. Vem feito uma onda, e se expande dos ossos aos fios de cabelo. A boca geralmente não se contém, e abre um grande sorriso. O ser é tocado por um fogo quase primitivo, e em estado de graça a alma registra aquele momento.

Talvez, vivamos apenas à espera de que novamente este sentimento nos invada. Podem se passar horas, dias, meses até que ele chegue. Enquanto isso, ficamos esperando que essa onda fantástica lave o nosso espírito e renove nossa esperança.

Plenitude efêmera e única para cada indivíduo. Não há um padrão para sentir a felicidade, cada ser possui o seu. Coisas fúteis, banais, complexas ou excêntricas. Coisas simples do cotidiano; todas podem ser transformar no derradeiro momento da felicidade.

Todos temos momentos felizes. Porém, esta busca que hoje divido com vocês, é por aquele derradeiro instante de maior escala de felicidade na vida de pessoas que anonimamente nos confidenciaram. A todos os confidentes, meu muitíssimo obrigada.

Caso I: O Primeiro Amor

Aos 17 anos ele conheceu o amor. Sentado em uma carteira na 5º fileira do 3ºD, passava quase todas as manhãs admirando a garota que sentava na 1º fileira. Aluna aplicadíssima, a melhor da turma e uma das mais inteligentes do colégio. Moça estudiosa, sentava bem à frente do professor, e sem piscar concentrava toda sua atenção no quadro.

Primeiro, ele se apaixonou por sua inteligência. Quando entrava na sala sentia o estômago se contorcer em fogo. Ela sempre educada, lhe sorria. Por dentro desmaiava e depois recobrava a lucidez para continuar a observá-la. Já era quase metade de setembro e precisava fazer algo. Logo o ano terminaria, todos se formariam e provavelmente nunca mais a veria.

Esperou o fim da aula, e enquanto ela juntava seus cadernos e colocava na mochila se aproximou. Quando a morena cor de canela olhou seus olhos, sentiu os joelhos amolecerem. Olhando-a mais de perto, percebeu que tinha uma luz própria, incandescente, fantástica. Quase gaguejando, soltou logo de uma vez o que queria. Convidou-a para sair, no calor da noite, sem amigos ou turma – um encontro.

Um sorriso iluminou os olhos e o rosto da moça. Decidida, e sem titubear, disse sim. Combinaram o local e a hora e se despediram sem se tocar. Ele foi para casa com borboletas no estômago, mal pôde almoçar ou comer algo o dia inteiro.

Após infinitas horas de espera, chegou ao local com 10 minutos de antecedência. Olhou seu reflexo no espelho de um carro e julgou estar tudo em ordem. Poucos minutos depois, ela chegou. Linda como sempre, tinha um vestido azul florido e o cabelo solto que corria pela cintura. Trocaram um beijo no rosto e entraram no bar.

O local estava cheio, havia música ao vivo. Perguntou se ela queria tomar algo, e ficaram ali saboreando um Cuba Libre. Conversaram algo sobre a escola, fez piada de algum colega mais destrambelhado e ela sorriu. Olhou nos seus olhos, a envolveu pela cintura. Tomado de calor e desejo, beijou sua boca e foi correspondido. Ficaram ali naquele abraço, nos braços e na boca um do outro, enquanto a banda tocava uma canção:

Hoje o tempo voa, amor

Escorre pelas mãos

Mesmo sem se sentir

Não há tempo que volte, amor

Vamos viver tudo que há pra viver

Vamos nos permitir

Saíram dali de mãos dadas em direção à praia. Atravessaram a rua e logo já estavam pisando na areia. A lua iluminava a noite, ela o abraçou e suavemente beijou sua boca. Mais que o toque de sua pele morena, foi hipnotizado pelo primeiro amor.

Os dias se passaram e os dois se tornaram inseparáveis. Pulou para a 1º fileira bem ao lado dela, passavam o recreio juntos e todos os dias a acompanhava até sua casa. Ficavam mais de hora pendurados ao telefone, e no momento de se despedirem, brigavam para ver quem conseguiria desligar primeiro.

No fim de semana, foram passear pela praia. A energia da natureza os revigorava e de mãos dadas caminhavam descalços à beira mar. Tomado pela derradeira felicidade, apertou mais forte sua mão e pediu para que se sentasse na areia.

-Feche os olhos, tenho uma surpresa.

Ela pousou as mãos sobre os olhos e não pôde conter um sorriso ansioso. Enquanto isso, ele pegou um galho que o mar havia oferecido e escreveu na areia. Totalmente exaltada abriu os olhos, e para sua surpresa, estava escrito:

“Quer namorar comigo?”

Leu a frase e foi também invadida pela derradeira felicidade. Nem precisou dizer que sim, o brilho no olhar e o sorriso deram a resposta.

O fim de tarde aqueceu ainda mais seus corações e ao longe se via o mar acariciando a pedra do Arpoador. Ficaram ali envolvidos, trocando beijos e promessas de amor, enquanto o sol poente se fundiu ao horizonte.

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La Plena Felicidad

“Dicen que soy loco por pensar así

Si yo soy muy loco por ser feliz

Pero loco es quien me dice

Y no es feliz, no es feliz”

Os Mutantes

¿Qué es la tal felicidad? Son momentos únicos, fugaces, donde podemos alcanzar la plenitud, tocar el cielo con las manos por un instante. Si, momentos que duran un instante, pues la vida no puede ser una sola cosa todo el tiempo.

Es un sentimiento singular, que trasborda, llena. Viene como una ola, y se expande desde los huesos a los hilos del cabello. La boca generalmente no se contiene, y abre una gran sonrisa. El ser es tocado por un fuego casi primitivo, y en estado de gracia el alma registra aquel momento.

Tal vez, vivamos apenas esperando que nuevamente este sentimiento nos invada. Se pueden pasar horas, días, meses hasta que él llegue. Mientras tanto, esperamos que esa ola fantástica lave nuestro espíritu y renueve nuestra esperanza.

Plenitud efímera y única para cada individuo. No hay un padrón para sentir la felicidad, cada ser posee el suyo. Cosas fútiles, banales, complejas o excéntricas. Cosas simples del cotidiano; todas pueden transformarse en el pleno momento de felicidad.

Todos tenemos momentos felices. Sin embargo, esta búsqueda que hoy comparto con ustedes, es por aquel pleno instante de mayor escala de felicidad en la vida de personas que anónimamente nos confidenciaron. A todos los confidentes, muchísimas gracias.

Caso I: El Primer Amor

A los 17 años él conoció el amor. Sentado en un pupitre en la 5º fila del 3ºD, pasaba casi todas las mañanas admirando la chica que se sentaba en la 1º fila. Alumna ingeniosa, la mejor de la clase y una de las más inteligentes del colegio. Chica estudiosa, se sentaba allí bien de frente para el maestro, y sin pestanear concentraba toda su atención al pizarrón.

Primero, él se enamoró de su inteligencia. Cuando entraba a la clase sentía el estómago retorcerse en fuego. Ella siempre educada, le sonreía. Por adentro desmayaba y después recuperaba la lucidez para seguir observándola. Ya era casi mitad de septiembre y tenía que hacer algo. Luego se terminaría el año, todos se recibirían y probablemente nunca más la vería.

Esperó el fin de la clase, y mientras ella ordenaba sus cuadernos y los ponía en la mochila se acercó. Cuando la morena color de canela miró sus ojos, sintió las rodillas aflojaren. La miró de más cerca y notó que tenía una luz propia, incandescente, fantástica. Casi tartamudeando, largó luego de una vez lo que quería. La invitó a salir, al calor de la noche, sin amigos o terceros – un encuentro.

Una sonrisa lució los ojos y el rostro de la chica. Decidida, y sin dudar, dijo sí. Arreglaron el local y la hora y se despidieron sin tocarse. Él fue para casa con mariposas en el estómago, ni pudo almorzar o comer algo durante todo el día.

Después de infinitas horas de espera, llegó al local 10 minutos adelantado. Miró su reflejo al espejo de un auto y juzgó estar todo en orden. Pocos minutos después, ella llegó. Linda como siempre, tenía un vestido azul florido y el cabello suelto que corría hacia la cintura. Se besaron en la mejilla y entraron al bar.

El local estaba lleno, había música en vivo. Preguntó si ella quería tomar algo, y se quedaron allí saboreando un Cuba Libre. Hablaron algo sobre la escuela, hizo un chiste de algún colega más torpe y ella sonrió. Miró sus ojos, la envolvió de la cintura. Tomado de calor y deseo, besó su boca y fue correspondido. Se quedaron allí en aquel abrazo, en los brazos y en la boca uno del otro, mientras la banda tocaba una canción:

Hoy el tiempo vuela, amor

Escurre por las manos

Mismo sin sentirse

No hay tiempo que vuelva, amor

Vamos a vivir todo lo que hay para vivir

Vamos nos permitir

Tomó su mano y salieron en dirección a la playa. Cruzaron la calle y luego ya estaban pisando la arena. La luna iluminaba la noche, ella lo abrazó y suavemente besó su boca. Más que el toque de su piel morena, fue hipnotizado por el primer amor.

Pasaron los días y los dos quedaron inseparables. Saltó a la 1º fila bien a su lado, pasaban el recreo juntos y todos los días la acompañaba hasta casa. Quedaban más de hora colgados al teléfono, y en el momento de despedirse, se peleaban para ver quien conseguiría cortar primero.

En el fin de semana, fueron pasear por la playa. La energía de la naturaleza los revigoraba y tomados de manos caminaban descalzos en la orilla del mar. Tomado de la plena felicidad, apretó más fuerte su mano y pidió para que se siente en la arena.

-Cierra los ojos, tengo una sorpresa.

Ella puso las manos sobre los ojos y no pudo contener una sonrisa ansiosa. Mientras tanto, él agarró una rama que el mar había ofrecido y escribió en la arena. Totalmente exaltada abrió los ojos, y para su sorpresa, estaba escrito:

“¿Quieres ser mi novia?”

Leyó la frase y fue también invadida de la plena felicidad. Ni tuvo que decir si, el brillo en la mirada y la sonrisa dieron la respuesta.

El fin de tarde dejó sus corazones más cálidos y de lejos se veía el mar acariciando la piedra del Arpoador. Quedaron allí envueltos, cambiando besos y promesas de amor, mientras el sol poniente se fundió en el horizonte.

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Fabiana de Gouvea Torres

É bacharela em Turismo e mineira de corpo e alma. Leitora fervorosa e apaixonada. Mãe, esposa e dona de casa zelosa, na hora do recreio viaja pelo mundo da literatura.

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