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A Derradeira Felicidade - Caso III: Presente Antecipado

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A adolescência se apossou dele como uma bomba. Aos 13 anos, viveu uma revolução de hormônios e ideias. A transformação de seu corpo e sua mente traçou metas que marcariam toda a sua vida. 

 Desde pequeno gostava de música. Sua atenção sempre se concentrava no ritmo que a bateria marcava. Ficou encantado pelo som vigoroso e rápido das canções de heavy metal. Naquela época, precisava esperar dias por um programa com uma hora de duração que passava na tv para assistir aos seus vídeos preferidos. A fita já ficava preparada no vídeo cassete e assim que algum vídeo começava, logo apertava o “rec” para gravar. Colecionava discos de vinil, e às vezes quando se cansava de algum, trocava com os colegas.

 Seus primeiros heróis foram os reis do heavy metal. Entrava em colapso ao ouvir Megadeth, Metallica e Sepultura. Deixou o cabelo crescer até a cintura, se vestia de preto e usava coturnos. Era o único metaleiro entre os amigos darks e punks.

 O que mais parecia uma brincadeira de escola para ele se tornou algo definitivo e essencial. Alguns colegas de sua sala montaram uma banda imaginária e em seus sonhos se via tocando bateria como um tal Bonham.

 Seus pais não eram músicos, mas perceberam nele a total inclinação pelas baquetas. Enquanto padecia na cama de uma doença qualquer, eles lhe prepararam uma surpresa. Ainda faltavam quinze dias para o aniversario de 14 anos, porém resolveram lhe entregar o presente antecipado – quem sabe isto poderia ajudar em seu rápido restabelecimento.

 A derradeira felicidade chegou para ele naquela tarde. Deitado em sua cama, ainda com um pouco de febre, olhou surpreso quando seus pais entraram no quarto segurando uma enorme caixa. Abriu enlouquecido e logo teve a confirmação de sua suspeita: uma bateria profissional. Era das mais simples que tinham na loja, mas para ele, se tornou seu templo, seu mundo.

 Passou a frequentar aulas e chegou a treinar doze horas por dia. Fundou várias bandas de metal com seus amigos, mas com o tempo foi ficando sozinho, pois era o único que queria viver de música. Queria viver o seu sonho.

 E conseguiu. Já se passaram vinte e cinco anos desde aquele dia. Vinte e cinco anos dedicados à música. Ficou vários anos com aquela bateria. Ela acompanhou o início de sua trajetória no heavy metal e depois sua transformação para o jazz e música brasileira. Várias baterias vieram depois, compradas com seu próprio dinheiro. Mas para sempre aquela será o motivo de sua derradeira felicidade.

La Plena Felicidad

Caso III: Regalo Anticipado

La adolescencia se le apoderó como una bomba. A los 13 años, vivió una revolución de hormonas e ideas. La transformación de su cuerpo y su mente trazó metas que marcarían toda su vida.  

 Desde pequeño le gustaba la música. Su atención siempre se concentraba en el ritmo que la batería marcaba. Se quedó encantado por el vigoroso y rápido sonido de las canciones de heavy metal. En aquella época, tenía que esperar días por un programa de una hora de duración que pasaba en la tele para asistir a sus videos preferidos. El casete ya quedaba preparado en la video casetera y así que algún video empezaba, luego apretaba el “rec” para grabar. Coleccionaba vinilos, y a veces cuando se cansaba de alguno, lo cambiaba con los colegas.

 Sus primeros héroes fueron los reyes del heavy metal. Entraba en colapso al escuchar Megadeth, Metallica y Sepultura. Dejó crecer el cabello hasta la cintura, se vistió de negro y usaba boeceguies. Era el único metalero entre los amigos darks y punks.  

 Lo que más parecía una aventura de adolescente, para él se transformó en algo definitivo y esencial. Algunos compañeros de su clase armaron una banda imaginaria y en sus sueños se veía tocando batería como un tal Bonham.

 Sus padres no eran músicos, pero notaron en el la total inclinación por las baquetas. Mientras sufría en la cama por una enfermedad cualquiera, ellos le prepararon una sorpresa. Aún faltaban quince días para el aniversario de 14 años, no obstante resolvieron entregarle el regalo anticipado – quien sabe esto podría ayudar en su rápida recuperación.  

 La plena felicidad le llegó aquella tarde. Acostado en su cama, aún tenía un poco de fiebre, miró sorprendido cuando sus padres entraron en la pieza alzando una enorme caja. Abrió enloquecido y luego tuvo la confirmación de su sospecha: una batería profesional. Era de las más sencillas que tenían en la tienda, pero para él, se convirtió en su templo, su mundo.

 Comenzó a frecuentar clases de música y llegó a entrenar doce horas al día. Fundó varias bandas de metal con sus amigos, pero con el tiempo se fue quedando solo, pues era el único que quería vivir de música. Quería vivir su sueño.

 Y lo logro. Ya pasaron veinticinco años desde aquel día. Veinticinco años dedicados a la música. Se quedó varios años con aquella batería. Lo acompañó desde el inicio de su trayectoria en el heavy metal y después su transformación para jazz y música brasileña. Varias baterías vinieron después, compradas con su propio dinero. Pero para siempre aquella será el motivo de su plena felicidad.

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Fabiana de Gouvea Torres

É bacharela em Turismo e mineira de corpo e alma. Leitora fervorosa e apaixonada. Mãe, esposa e dona de casa zelosa, na hora do recreio viaja pelo mundo da literatura.

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