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A Derradeira Felicidade Caso VI: O Reencontro

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A nossa personagem da vida real recebeu a derradeira felicidade de um jeito muito especial. Contudo, tenho de contar a história desde o início; que aliás é muito triste. Mas prometo a você caro leitor, cara leitora, que o desfecho é incrivelmente revigorante.

Era uma vez uma família feliz que morava no Recife. Pai, mãe, duas filhas mulheres e um filho homem. Contavam cerca de onze anos casados e apesar do esforço e dificuldades para criar os três filhos, aparentavam ser felizes. Apenas aparentavam. O casamento desmoronou e a situação se tornou insustentável.

Um belo dia, durante o café da manhã; a mãe (mulher nordestina guerreira e decidida) comunicou aos filhos que iam se separar. O pai, sentado encolhido em uma cadeira, permaneceu de cabeça baixa o tempo todo. A coisa foi de caso pensado e ela inclusive determinou que estava de mudança para São Paulo e os três filhos a acompanhariam. Vida nova, cidade nova, mais de dois mil quilômetros os apartariam – estava decretado o fim daquela família aparentemente feliz.

Porém, os filhos já decerto independentes, autônomos e donos de seus próprios narizes confrontaram os pais: tinham o direito de escolher alguma coisa nesta terrível situação. Já que a separação era irrevogável, colocaram sobre a mesa (entre o prato de cuscuz e a xícara de café) os seus termos. Ficou decidido que a filha do meio iria para São Paulo com a mãe. A filha mais velha e o caçula ficariam com o pai e a avó paterna.

Pronto. Estava feito. Juntaram os pedaços e cada um seguiu sua vida como pôde. Naquela época não havia internet e muito menos celular. Tentariam acompanhar os acontecimentos uns dos outros através de carta e a cada tanto um rápido telefonema. Passaram-se semanas, meses e por fim anos. As crianças foram crescendo, inúmeros momentos importantes foram perdidos.

Cerca de cinco anos depois da irrevogável separação, a meia-família no Recife perdeu sua matriarca. E assim de repente, a vida foi ficando sem sentido. Os anos passaram e todos puderam refletir e crescer com o que havia acontecido. A saudade foi ficando forte demais.

Até que numa certa manhã do ano de 1989 a nossa personagem da vida real conheceu a derradeira felicidade. Seis anos já se haviam passado desde o triste acontecimento. Nesta manhã, ela foi despertada por um beijo e uma mão que lhe acariciava o rosto. Ao sentir aquele toque e perfume conhecidos, suspirou julgando ser apenas um sonho bom. Mas tudo parecia tão real que decidiu abrir os olhos. Ao abri-los, se deparou com o rosto de sua amada e saudosa mãe que lhe sorria. Bem ali, no seu quarto, no Recife, sua mãe estava em carne e osso na sua frente.

-Minha filha querida, vim te buscar.

Assim de surpresa, meio sonho, meio realidade. A derradeira felicidade a invadiu, e dando um pulo da cama, abraçou e beijou muito sua querida mãe. Quando tudo parecia perdido, aquele reencontro reuniu a família.

Decidiram ir todos para São Paulo. Seguiram juntos, mas separados. Cada um em sua casa, continuaram sendo família: um grupo de pessoas que se amam, se cuidam, se apoiam e se querem bem.

La Plena Felicidad

Caso VI: El Reencuentro

Nuestra personaje de la vida real recibió la plena felicidad de una manera muy especial. No obstante, necesito contar la historia desde el comienzo; que aparte es muy triste. Pero le prometo caro lector, cara lectora, que el cierre es increíblemente vigorizante.

Era una vez una familia feliz que vivía en Recife. Padre, madre, dos hijas mujeres y un hijo varón. Contaban alrededor de once años casados y a pesar del esfuerzo y dificultades para crear los tres hijos, aparentaban ser felices. Apenas aparentaban. El casamiento se desmoronó y la situación quedó insostenible.

Un bello día, durante el desayuno; la madre (mujer nordestina guerrera y decidida) comunicó a sus hijos que se iban a separar. El padre, sentado encogido en una silla, permaneció con la cabeza baja todo el tiempo. La decisión fue pensada y ella incluso determinó que estaba de mudanza para San Pablo y los tres hijos la acompañarían. Vida nueva, ciudad nueva, más de dos mil kilómetros los separarían – estaba decretado el fin para aquella familia aparentemente feliz.

Sin embargo, los hijos ya ciertamente independientes, autónomos y dueños de sus propias narices confrontaron los padres: tenían el derecho de elegir algo en esta terrible situación. Como la separación era irrevocable, pusieron sobre la mesa (entre el plato de cuscús y la taza de café) sus condiciones. Quedó decidido que la hija del medio se iba a São Paulo con la madre. La hija mayor y el benjamín se quedarían con el padre y la abuela paterna.

Listo. Estaba hecho. Juntaron los pedazos y cada uno siguió su vida como pudo. En aquella época no existía internet y mucho menos celular. Intentarían acompañar los acontecimientos unos de los otros través de carta y a cada tanto una rápida llamada telefónica. Se pasaron semanas, meses y por fin años. Los niños fueron creciendo, varios momentos importantes fueron perdidos.

Alrededor de cinco años después de la irrevocable separación, la media familia en Recife perdió a su matriarca. Y así de repente, la vida se fue quedando sin sentido. Los años pasaron y todos pudieron refletir y crecer con lo que habia ocurrido. La nostalgia se fue haciendo muy fuerte.

Hasta que una cierta mañana del año de 1989 nuestra personaje de la vida real conoció la plena felicidad. Seis años habían pasado desde el triste acontecimiento. En esta mañana, fue despertada por un beso y una mano que le acariciaba el rostro. Al sentir aquel toque y perfume conocidos, suspiró juzgando ser apenas un sueño lindo. Pero todo parecía tan real que decidió abrir los ojos. Al abrirlos, se deparó con el rostro de su amada y añorada madre que le sonreía. Bien allí, en su habitación, en Recife, su madre estaba en carne y hueso en frente suya.

-Hija querida, te vine a buscar.

Así de sorpresa, mitad sueño, mitad realidad. La plena felicidad la invadió, y dando un salto de la cama, la abrazó y besó mucho a su querida madre. Cuando todo parecía perdido, aquel reencuentro reunió la familia.

Decidieron ir todos hacia San Pablo. Siguieron juntos, pero separados. Cada uno en su casa, siguieron siendo familia: un grupo de personas que se aman, se cuidan, se apoyan y se quieren bien.

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Fabiana de Gouvea Torres

É bacharela em Turismo e mineira de corpo e alma. Leitora fervorosa e apaixonada. Mãe, esposa e dona de casa zelosa, na hora do recreio viaja pelo mundo da literatura.

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